El Noviciado Agustiniano Internacional Nuestra Señora de Gracia, en Lima – Perú, celebró el pasado sábado 10 de enero la primera profesión religiosa de diez novicios que culminaron su año de noviciado, dando un paso decisivo en su proceso de consagración dentro de la Orden de San Agustín.
En este contexto, la Provincia de Nuestra Señora de Gracia del Perú acompañó con especial alegría la profesión de tres nuevos hermanos, quienes asumieron públicamente los votos de pobreza, castidad y obediencia, expresando su disponibilidad para servir a Dios, a la Iglesia y a la comunidad desde el carisma agustiniano.




Un paso decisivo en el camino vocacional
La Eucaristía fue presidida por el P. Antonio Lozano Pun Lay, vicario del Vicariato de Iquitos, y contó con la presencia de los Padres Superiores de las distintas circunscripciones de la Orden a las que pertenecen los novicios del año 2025. Participaron también alrededor de veinticinco frailes, además de otros religiosos y fieles laicos que acompañaron este momento significativo para la vida de la Iglesia y de la comunidad agustina.
Durante la celebración, los hermanos realizaron la profesión religiosa colocando sus manos sobre las Reglas y Constituciones de la Orden y pronunciando la fórmula de la profesión, la cual quedó registrada en el libro de actas. Con este gesto, sellaron públicamente su compromiso de vivir el Evangelio según el espíritu de san Agustín, orientando su vida a la búsqueda de Dios en comunidad y al servicio fraterno.





Una vida entregada al estilo de san Agustín
Los nuevos profesos —Fr. José María Cornejo, OSA; Fr. Bryan Encarnación, OSA y Fr. Jorge Palomino, OSA— inician ahora una nueva etapa en su proceso formativo: el profesorio, tiempo en el que comenzarán sus estudios de Teología y continuarán profundizando su vida religiosa, comunitaria y apostólica.
La profesión religiosa no solo marca el crecimiento personal de cada hermano, sino que también fortalece a toda la Provincia, que recibe con esperanza y gratitud nuevas vocaciones dispuestas a servir con fidelidad, cercanía y espíritu fraterno. Este acontecimiento renueva la alegría de caminar juntos como comunidad e invita a seguir acompañando, con la oración y el testimonio, a quienes responden generosamente al llamado de Dios, siguiendo el ejemplo de nuestro Padre san Agustín.





