Un llamado que se acoge con gratitud

Crónica de la misa de toma de posesión por Fr. Alvaro Matías, OSA

El 4 de enero, en la Parroquia Nuestra Señora de Gracia, viví uno de los momentos más significativos de mi camino sacerdotal: la misa de toma de posesión como párroco, un servicio que asumo con gratitud, humildad y confianza en el Señor.

La celebración fue presidida por Monseñor Juan José Salaverry y contó con la participación del Vicario Provincial, P. Nelson Pinzón, OSA, quien sirvió a esta comunidad durante doce años; del P. Alejandro Martínez, OSA, que también fue párroco por varios años; de mis hermanos agustinos; del consejo parroquial; de los 18 grupos parroquiales; de la fraternidad de Nuestra Señora de Gracia; y de muchos laicos e invitados que forman parte de la vida de la parroquia.

Momentos más significativos

Uno de los momentos que más me conmovió fue la homilía del Obispo, cuando me exhortó a ser siempre un pastor cercano, capaz de cuidar no solo de quienes participan activamente, sino también de quienes están más alejados o no se sienten parte de la Iglesia. Sus palabras resonaron en mí como una llamada clara y concreta: estar disponible para todos, sin distinción, con el corazón abierto y atento.

También me impactó el juramento de fidelidad a la Iglesia y a la misión que se me confía. Los signos propios de la celebración —recibir las llaves del templo y el encargo de ejercer con celo el ministerio de la reconciliación en el confesionario— me recordaron que este servicio se vive en lo cotidiano, en el encuentro personal y en la escucha.

Caminar juntos como Iglesia

En mi homilía compartí esta oración: “Ayúdame, Señor, a ser el padre, sacerdote y párroco que Tú has soñado que yo sea.” Esta frase me acompaña y me anima a vivir en comunión, en oración constante y en disponibilidad por toda la feligresía que se me encomienda. Además, este inicio se da en un año muy especial: celebramos los 50 años de la parroquia, un acontecimiento que me llena de ilusión y me impulsa a buscar siempre lo mejor para esta comunidad, valorando su historia y mirando con esperanza hacia el futuro.

Personalmente, uno de los aspectos que más agradezco es la vida en comunidad. Sentir el apoyo, la cercanía y la amistad de mis hermanos frailes es un gran sostén. Para nosotros, los agustinos, la comunidad es parte esencial de nuestra manera de servir.

Al iniciar esta nueva etapa, reconozco el llamado que el Señor me confía: escuchar y ser cercano. Ser pastor implica conocer a las personas, caminar con ellas, acompañar sus procesos y compartir la esperanza del Evangelio en medio de la vida diaria.

Empiezo este servicio con sencillez, confiando en Dios y en esta comunidad, para caminar juntos como Iglesia.