Fr. Alexander Lam, OSA, celebra 25 años de sacerdocio junto a la comunidad agustina

 

El sábado 25 de julio, la Provincia de Nuestra Señora de Gracia del Perú celebró una misa de acción de gracias por los 25 años de ordenación sacerdotal de Fr. Alexander Lam, OSA, actual Vicario General de la Orden de San Agustín, cargo que desempeña desde la Curia General en Roma. Aunque este aniversario se conmemora el próximo 11 de agosto, la celebración se realizó durante su visita al Perú, reuniendo en la capilla Nuestra Señora de la Consolación del Colegio San Agustín de Lima a religiosos agustinos, familiares, amigos y fieles de la comunidad.

Una acción de gracias por el don del sacerdocio

La Eucaristía se vivió en un ambiente de oración y fraternidad, como una ocasión para dar gracias por la vocación y el camino recorrido por Fr. Alex durante estos veinticinco años de ministerio sacerdotal, así como por la misión que hoy desempeña al servicio de la Orden de San Agustín y de la Iglesia universal.

Antes de finalizar la celebración, Fr. Miguel Oblitas, OSA, Secretario Provincial, dio lectura al mensaje enviado por el papa León XIV, quien expresó su cercanía con motivo de este aniversario e impartió su Bendición Apostólica.

En su saludo, el Santo Padre dio gracias al Señor por el don del sacerdocio recibido por Fr. Alexander y por los frutos de su ministerio, al tiempo que invocó abundantes gracias para que continúe siendo «ícono y transparencia de Cristo Buen Pastor», extendiendo también su bendición a sus familiares y a todos quienes se unieron a esta acción de gracias.

«Aquí nació mi vocación»

Como agradecimiento, Fr. Alex dirigió unas palabras a los presentes y recordó con emoción que fue en el Colegio San Agustín de Lima donde comenzó su camino vocacional.

«Yo le debo mi fe a este colegio. Fui exalumno y aquí nació mi vocación. Estando aquí, un día sentí el llamado de Dios; aquí mismo, mirando a san Agustín arrodillado ante María. Dios me habló y eso cambió mi vida».

Sus palabras fueron acogidas con gratitud por los asistentes, quienes reconocieron en su testimonio una invitación a escuchar la voz de Dios y responder con generosidad al llamado que Él hace a cada persona.