El tiempo pascual termina en Pentecostés

Desde la Vigilia Pascual hasta Pentecostés, experimentamos cincuenta días de alegría y celebración. Inspirados por la “fiesta de las semanas” judía, que conmemora la Alianza en el Sinaí, los cristianos prolongamos la alegría de la Resurrección durante siete semanas. Durante este periodo, la liturgia nos invita a meditar sobre la unidad de estas semanas, especialmente durante la “octava de Pascua“, cuando los recién bautizados se adentran en el Misterio de Cristo.

Dentro de la Cincuentena, encendemos el Cirio Pascual en todas las actividades de la Iglesia, simbolizando la presencia viva de Cristo resucitado entre nosotros. También conmemoramos la Ascensión del Señor y el descenso del Espíritu Santo en Pentecostés, destacando así la plenitud del misterio pascual. San Lucas describe la escena del descenso del Espíritu Santo como “el día de Pentecostés” (Hechos 2,1), subrayando su importancia para nosotros, los cristianos.

¿Qué se celebra en Pentecostés? 

Pentecostés es una festividad celebrada tanto por judíos como por cristianos, aunque con significados distintos. Para los judíos, marca la culminación del paso de la esclavitud a la libertad en la entrega de la Ley Divina; para los cristianos, representa el cumplimiento de la Pascua de Cristo, liberándonos del pecado y la muerte a través del don del Espíritu. Sin embargo, estas festividades ocurren en momentos diferentes, ya que la Pascua Judía y la Pascua Cristiana coinciden sólo ocasionalmente.

¿Por qué se considera Pentecostés como el nacimiento de la Iglesia? 

Se le considera el nacimiento de la Iglesia porque, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, estos comenzaron a proclamar el Evangelio y a bautizar a nuevos creyentes, obedeciendo el mandato de Jesús de hacer discípulos en todas las naciones. El Espíritu Santo es esencial para la misión y el testimonio de la Iglesia, por lo tanto, Pentecostés se reconoce como el momento en que nace la Iglesia.

En este día especial, dirigimos nuestras oraciones al Espíritu Santo, pidiendo su guía en nuestra labor evangelizadora.

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